Los derechos de las hormigas




Antes de transformarnos los humanos en seres muchedumbre, antes de la llegada del ‘demens’, a cada uno se le hacía evidente el sentido de sus deberes hacia los restantes seres vivos

Estas hacendosas, diminutas infatigables y hasta feroces criaturas que son las hormigas, ingeniosas constructoras de repúblicas organizadas bajo tierra, tienen también sus derechos por más que las leyes humanas se olviden de ellas y de otros seres análogos, todos pobladores de la Tierra e integrantes de la gran familia de la vida planetaria. Aunque destruir un hormiguero por capricho o pura necedad no es (salvo en espacios protegidos) ningún atentado jurídico en las leyes humanas de estos pagos, habrá otras leyes no escritas pero no menos eficaces que saliendo en defensa de los indefensos, pondrán un ‘debe’ sobre la vida y los pasos de quien contravenga lo mandado por la Naturaleza. En esta no existen policías uniformados pero tiene sus sistemas de sanciones, entre ellos, los ‘lares’ y dioses menores de las antiguas creencias borradas por el cristianismo que ahora vuelven a la carga.

Cuando los patos de pronto se arremolinan en torno a uno de su gremio y a picotazo limpio lo matan sin compasión están aplicando una extraña sentencia del derecho de los patos que a nosotros nos parece cruel porque no alcanzamos a comprender su lógica. Y es que en el mundo natural los titulares del derecho a la vida no son los individuos sino sus especies.

Antes de transformarnos los humanos en seres muchedumbre, antes de la llegada del ‘demens’, a cada uno se le hacía evidente el sentido de sus deberes hacia los restantes seres vivos. Eran los tiempos de la claridad, hoy perdida. Las leyes naturales no se escribían, estaban impresas de forma indeleble en los mismos sentidos que procuraban un ‘orden’ duradero. La muerte es parte de la vida pero es necedad matar sin necesidad. Las hormigas, los escarabajos, las totovías, las culebras, sapos, vencejos y todos los demás seres, no debemos de olvidarnos que si están aquí es porque están protegidos por las ancestrales leyes de la Naturaleza que disponen de su propio sistema de policía y castigos.

Existe una Carta de Derechos de todos los Seres Vivientes, cuya ignorancia nos hunde en el pesimismo y la angustia.

Las plantas y los demás animales no humanos y el resto de gente natural se adaptan a esta carta universal por instinto como anillo al dedo. Esta coexistencia de millones de especies compitiendo sería imposible sin esa carta de derechos y de deberes que establece un ordenado y delicadísimo sistema de convivencia. Los humanos vivimos como ovejas descarriadas ‘fuera de ordenación’. En el conjunto de las especies somos los delincuentes con quien nadie o ninguna otra especie quiere tratos, ¿sólo los perros son amigos?

¿Es un tema de solo conducta humana depredadora demencial?

No olvidemos que somos depredadores porque somos muchísimos más de la cuenta, las bocas hambrientas y las demás necesidades ligadas al respirar y existir, crean depredación. Un taxista aymara boliviano me dijo «aquí todo el mundo saluda no vaya a ser que el otro sea un brujo y te eche una maldición». La cortesía aymara parece que se basa en el miedo a la brujería. Si respetamos los derechos de la hormigas, o de las demás especies, sea por miedo o por armonía, no causando daños gratuitos que ofendan la Carta de Derechos, seguro que nos ahorramos alguna persecución o maldición natural como esas temidas por los indígenas de Bolivia por no respetar la cortesía con nuestro planeta.

JOSÉ LUS MAZÓN COSTA

Navegando por internet estos días, he encontrado este artículo el cual escribí y que me publicaron en el periódico de La Verdad , el sábado, 5 de junio 2010, 02:34

https://www.laverdad.es/murcia/v/20100605/opinion/derechos-hormigas-20100605.html


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