Jose Luis Mazón



Jose Luis Mazón

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Como todo viviente fui arrojado al mundo. Me tocó nacer en Orihuela, pocos años antes “su pueblo y el mio”, en 1959, noviembre.


Mi parto debió de ser una dura experiencia, pues me sacaron a la fuerza con “fórceps”. Y un cierto hueco me dejó en la parte de atrás de la nuca que lo tengo por marca de algo que no se que es. Yo me consuelo Mahoma tenía un lunar en la espalda, yo tengo la cabeza deformada señal de un parto hostil. Y nadie será profeta en su tierra.


Mi infancia la paso entre Orihuela y La Pinilla (Murcia). De niño mis tios me llamaban “el cabesón” por la cabeza tan grande que tenía. En La Pinilla “Popo Ninín” por como decía yo como me llamaba y si sigo allí me quedo con el mote. Me encantan los volcanes, cuando muera quiero reencarnarme en uno. Visité el Etna y me regaló un profundo estado de paz. Es un ser vivo.


Mi adolescencia, feliz, discurre en Alhama de Murcia.


Vi por vez primera un juicio de un accidente de tráfico de mi tio Luis, tenía yo siete años. El juez, muy viejo, era sordo y ciego, y llevado en volandas por dos funcionarios, una trompetilla en la oreja que debía de ser de su abuelo, en el siglo anterior. Ese mundo sordo, viejo y decrépito era la situación de la Justicia que me atraía como una señal del más allá.


En el Instituto no quería ser abogado sino periodista. Cuando termino primero de derecho en Murcia, me pongo a aprender derecho laboral en un sindicato como voluntario, al año siguiente me contratan como asesor laboral y en el puesto permanezco seis años y medio, hasta que me despido en 1985 para terminar la carrera en 1987. Unas quince mil consultas calculo que atendí en este tiempo.


Me ha apasionado el derecho por lo importante que es para el bienestar de la gente. He buscado nuevas soluciones, usando “caminos desusados y sendas encubiertas” intuyendo siempre que hasta lo más difícil admite el
milagro. Que no es otra cosa que un prodigio natural cuya causa no entendemos.


Ahora tengo 60 años pasados y más de 30 de ejercicio. No pienso jubilarme, “mi descanso es el pelear” decía Don Quijote. Sé que está escrito en algún lugar remoto que moriré con las botas puestas. Antes tengo que ver derrumbado por el suelo al poder judicial establecido, indigno de sobrevivir. El tirano será derrocado. Por fin llegará el «Carthago delenda est».

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